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viernes, 30 de enero de 2015

Y llegó el momento

Hace más de medio año que decidí irme a Taiwán.

Y justo el uno de febrero se cumple el aniversario de mi cambio de vida.

De esos choques monumentales contra paredes, coches o (en este caso) personas, puede salir algo bueno y constructivo.
 Así fue en mi caso.

De una bronca y un golpe frontal contra la persona que había sido mi pareja hasta ese día, surgió lo que sería un cambio de rumbo en mi camino.

No fue inmediato pero esa misma semana me puse un reloj de arena en la cabeza y me dije:

"Chari, tienes hasta Octubre, no sé para qué, pero para algo.
 En Octubre tienes que cambiar de vida, disfruta de Gijón, disfruta del verano, y actúa".

Y así lo hice.
Este ha sido el mejor año de mi vida, el mejor verano, y de esto han salido los buenos recuerdos que me llevo en la mochila:
Conocía a gente genial que me recordó que lo más importante en la vida es reír y disfrutar.

Volvía a ver a mis amigas de la Uni que jamás habían dejado de estar aquí.






Fui a Madrid, a Barcelona, a Mallorca... volví a viajar.
Salí de fiesta como nunca, volvía a bailar.
También aprendí a disfrutar de la soledad, de perderme,
De nuevo disfruté del trabajo, de la ciudad.
Me atreví a hacer fotos y a estudiar de nuevo...
Me recuperé, me sentí feliz y fuerte de y lo mejor de todo,me decidí a hacer un plan.

¿Cuál sería mi plan?

La primera idea que me surgió y por la que intenté luchar fue ir a Madrid, cada vez que iba me sentía feliz. Pero después de varios intentos me di cuenta de que Madrid no estaba mucho mejor que Asturias, y que a largo plazo podría ser mi casa pero para ello tenía que ganármelo.

Y de pronto, en estos meses de disfrutar y dejarme llevar sin dejar de pensar, llegaron las vacaciones y con ellas la semilla que nació después hasta convertirse en esto.

Fue una persona que conocí en Conil de casualidad (llamémosle Lucas, es un nombre que me encanta) y que me hizo ver que la vida puede ser como nosotros queramos que sea.
Lucas estaba pensando en hacer un viaje vital. Ya había hecho otro recientemente y aunque su camino podía ser recto, tenía bastante claro que quería aprender cosas y ganarse el pan plantando él las semillas.
Había acabado la carrera y estaba pensando en un viaje largo para trabajar allí en el pasí. Me habó de dos destinos, China o Indonesia.

-"Lucas, elige Indonesia, mi mejor amigo vivió allí 4 años, son gente maravillosa, muy humana y cariñosa.
 ¿Qué harás en China? Sólo piensan en trabajar, está muy contaminado, los derechos laborales que tienen son nulos y lo hay libertad de nada...venga. Tiene que ser Indonesia. Me das una envidia, acabar la carrera...marcharte, empezar de nuevo, aprender de algo tan diferente...qué pasada".

- "Chari, ¿por qué no lo haces tú?",- me dijo.

- Pues porque yo soy mayor, tengo trabajo fijo, y... y tengo una gata que cuidar.

-"¿Me vas a decir que no te vas por una gata?"

Y esa fue la semilla.

Vi a Lucas después y volvimos a hablar, finalmente preparó un viaje exprés y se fue a China (menos mal) ya que tenía allí un amigo y podía quedarse con él.

Recuerdo cuando se fue, me sentía tan orgullosa de él, le veía tan feliz en la foto que me mandó al llegar, con los rascacielos de Shangai, y con esa luz en la mirada que decía... todo lo que me espera Chari.


Se acercaba Octubre y yo no tenía muchas opciones de ir a Madrid, pensé y pensé y me dije, tengo que abrirme camino de alguna forma. Mira a Lucas,
 ¿por qué no?¿por Duna?puedes llevártela, o ver la forma...
Aprende Chino, sabe poca gente.

Vete.

Vete.

No te quedes en España, sabes que no te acaba de querer bien.

Y apareció Taiwán, esa ciudad a la que ya quería haber ido hace 10 años, cuando acabé la carrera. Allí estaba una buena amiga y era un destino atractivo. Hablaban chino, había desarrollo, es abarcable, es como Asturias.

Es abarcable.
Puedes hacerlo.
Y lo vi.

Ya tenía plan.

Y empecé paso a paso.
Llamé a las personas en las que más confío, se lo dije.
Fliparon
.
Se lo dije a mi amiga taiwanesa, se alegró mucho.

Se lo dije a mis padres.
Me apoyaron.

Lo dije en el trabajo.

Todo fue hacia adelante.

Y de pronto, por resumirlo un poco, llegó el día, que es mañana.
Despedidas, y despedidas y besos y abrazos y hambre, me entró hambre, pero de comerme el mundo (en forma de cachopo)... jajaja (y no es coña).





No todo ha ido como esperaba.

Algunas cosas se han complicado.

Las he girado para enderezarlas.

Ha aparecido gente nueva.

He disfrutado de mi casa, de mi familia, de mis amigos.

Me he dejado querer.

 Y ahora me voy.

Y doy gracias a todo, a todos, a la vida, a mis padres a mis circunstancias.
Porque tengo la enorme suerte de poder hacerlo.

Sé que no va a ser fácil, pero a la larga va a ser increíble.

Esta es la cita que le dejé a Lucas cuando se fue.
Y mi reloj de arena se paró.
Porque ahora me la aplico yo.



Cuando salgas para hacer el viaje hacia Itaca
has de pedir que sea largo el camino,
lleno de aventuras, lleno de conocimiento.
Has de rogar que sea largo el camino,
que sean muchas las madrugadas,
que entrarás en un puerto que tus ojos ignoraban;
que vayas a ciudades a aprender de los que saben.

Ten siempre en el corazón la idea de Itaca.
Has de llegar a ella, es tu destino
pero no fuerces nada la travesía.
Es preferible que dure muchos años,
que seas viejo cuando fondees en la isla,
rico de todo lo que habrás ganado haciendo el camino,
sin esperar a que dé más riquezas.
Itaca te ha dado el bello viaje;
sin ella no habrías partido.
Y si la encuentras pobre, no es que Itaca
te haya engañado.
Sabio como muy bien te has hecho,
sabrás lo que significan las Itacas.